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11.9.08

Diamantes en tus ojos

Me acuerdo de aquel día como si fuera hoy…será que esta tarde se parece mucho a aquella, con la diferencia de que hoy me invade el alma la ausencia, el dolor y la nostalgia.
Estábamos, vos y yo, en un banco blanco del parque mientras el sirimiri, como lágrimas de diamantes se nos absorbía en la piel y las auras iridiscentes se entrelazaban, unánimes. Pasamos la tarde conversando, riendo, regalándonos miradas cómplices, dedicándonos frases suaves y espontáneas, mientras las horas se esparcían por el césped húmedo, y los minutos no se perdían, éstos se guardaban en nuestras almas para tejer futuros recuerdos en nuestro corazón.
Era todo tan extraño como perfecto, una atmósfera de ensueño cubría íntegramente nuestras vidas.
Tu existencia colmaba de rubor mis mejillas, de brillantina mis ojos y de perlas todas mis sonrisas.
El color rosado del amanecer se extendía durante todo el día, y así atravesábamos la vida cotidiana con una sonrisa y un espíritu optimista.
Todo era más hermoso en tu compañía, todos los días eran especiales…nublados o soleados, fríos o cálidos, cada uno era apreciable y ninguno se parecía demasiado al anterior.
Me acuerdo cuando me dedicaste la canción de Luis Alberto Spinetta que tanto me gusta, “Alma de diamante”, alrededor de los años ochenta.
Siempre me prestabas atención. Te mostrabas tan interesado en lo que me sucedía, y en mis sentimientos (cuando los dejaba salir, cuando los sacaba a pasear…un ratito por día, en esos ratitos en los que te veía)
Me enseñaste a ver el mundo con un caleidoscopio.
Si algún comentario negativo brotaba de mis labios, sabías como disiparlo. Yo me sorprendía porque convertías mis quejas en una moraleja. Siempre lograbas encontrarle el lado óptimo a cada situación, y así desvanecías mis miedos e inseguridades, impulsándome siempre hacia delante. Enseñándome a ser la mujer valiente que soy.
¡Cuánto sentido le diste a mi vida!, a mi niñez, a mi juventud…
Y ahora cargo sola con esta adultez un poco orgullosa pero desgastada a la vez…y esta sabiduría que mis palabras, mi piel, dejan percibir, ¡y que la lluvia no ha de borrar!
¿Te acordás de la única vez que discutimos? ¡Cuánto llore y reí ese día!
Al otro día me regalaste un anillo precioso, conocías muy bien mis preferencias. Ese día nos comprometimos. Siempre soñamos con casarnos y tener hijos.
Me acuerdo cuando comenzaba el verano y egresábamos de la escuela secundaria.
¡Los treinta y dos compañeros organizamos una fiesta en la quinta de Susana!
Joaquín ya perfilaba su vocación de fotógrafo. Capturó nuestra imagen natural, ¡y de casualidad salió el arcoiris de fondo! ¡Qué sorpresa cuando la reveló! Si esa fotografía hubiese sido revelada en la actualidad, muchos dirían que el arcoíris es producto de algún programa de computación para hacer efectos especiales.
Nuestras vidas estaban pintadas de sorpresas hermosas, pero meses después me encontré con otro tipo de sorpresa:
Debíamos distanciarnos por un tiempo. Te habían convocado para cumplir el servicio militar. Nunca nos hubiéramos imaginado que meses más tarde, irías a una guerra.
El día anterior a tu partida prometimos que nada ni nadie sería un obstáculo en nuestra relación, y me regalaste la medalla que abraza mi cuello, esta medalla que sobrevivió conmigo todos estos años.
Cuando te miré había diamantes en tus ojos, claro que en los míos también.
Sollozos, sonrisas nerviosas y espasmos de angustia. Las despedidas son desgarradoras.
Los días transgredían mis sueños, cada carta me conmovía. Yo era consciente de que nunca habíamos permanecido tan lejos, durante meses.
Recuerdo esa madrugada en la que me desperté de un salto, atendí el teléfono, ¡y era tu voz!, mi corazón dejó de latir por una milésima de segundo.
Susurrabas que debías irte a las Islas Malvinas a “defender la Patria”.
Mi voz se quebró. Debiste colgar el teléfono luego de soltar un desesperado “te amo” que no llegué a responder.
Tres meses después, recibí una carta y dos llamados que cambiaron mi vida para siempre.
Sólo me quedó esperar el momento de reencontrarme con vos.
Tuve que esperar un año infausto para poder viajar a las islas (que ya no se llamaban Malvinas) y mientras volaba, yo miraba a través de la ventanilla las nubes de algodón, y la tormenta que éstas contenían.
¡Qué cerca debía estar tu alma etérea de la mía!
Cuando aterrizamos, observé el paisaje panorámicamente. Se encontraba devastado y un silencio sepulcral lo invadía todo.
Una mujer me acompañó al “reencuentro” con vos.
Lloré frente a la cruz durante un día entero. Le lloré a las flores.
El cielo se compadeció de mi alma y lloró conmigo.
No podía (ni quería) leer tu nombre en esa lápida.
Mi corazón aún no procesaba la tragedia. Y mientras éste se desgarraba, yo recordaba cíclicamente los diamantes en tus ojos y el espejo en los míos, esa última vez que te vi.
Te arrancaron la vida, y eras tan joven, leal, inteligente, audaz…
Serás eterno como todos los héroes de las Islas Malvinas. Incluso como los jóvenes ingleses, que más que adversarios, eran personas portadoras de sentimientos, convicciones, sueños, proyectos, anhelos…en definitiva, también tenían un corazón igual al nuestro.
Inglaterra se quedó con nuestras islas, ¿es aquel un triunfo? ¿Triunfar es arrasar vidas?
La guerra y la muerte inexorable no discriminan.
Pero serás eterno, como perpetua será la consciencia (inmersa en el remordimiento) de las “personas” responsables que no perdieron la vida, porque en realidad nunca la arriesgaron, porque en realidad, prefirieron exponer a esos jóvenes no idóneos en el campo de batalla.
Serás eterno como el cielo, celeste y blanco, ¡Y serás eternamente el amor de mi vida!







9.7.08

El árbol de Tilo


Amanda, bajo el viejo árbol de tilo.
Patricio, bajo el mismo árbol de tilo.
Amanda inspirada, con lápiz y papel.
Patricio reflexivo en el jardín de sus conclusiones filosóficas.
Solos, no se conocen, nunca se vieron.
El sol se filtra por las ramas, ¿qué mejor espectador?
No hay nubes, el cielo es completamente celeste.
El perfume del tilo es exquisito. Patricio siempre se lleva algunas hojas en su mochila,
(Amanda hace lo mismo)
Amanda siempre se lleva sus penas, secretos, recuerdos e incertidumbres a los pies del tilo.
(Patricio hace lo mismo)
Tantos recuerdos, anhelos, sueños, miedos, fortalezas, deseos, decepciones, convicciones, entrelazados a esas ramas, y esparcidos sobre esas hojas, resplandecientes bajo el sol, húmedos bajo el rocío de la madrugada.
Emociones perfumadas de tilo esparcidas sobre la copa de los árboles.
La tristeza es amarga y dulce, porque gracias a ella crecemos, y aprendemos tantas lecciones, que no podríamos superar sin la hiel de la angustia.
Bajo la pomposa copa del viejo tilo, dos personas que se sienten pequeñas en este mundo tan inmenso.
Dos personas que lloran, como cualquier persona.
(si, los hombres también lloran, ¿o te pensabas que las mujeres lloramos el doble, por nosotras y por ellos?)
Dos personas con temor a compartirse.
Dos personas con temor a mostrarse tal cual son.
Dos personas que caminan, observan, y siguen caminando.
Dos personas, que en soledad, se sacuden, se detienen, danzan, tropiezan y continúan esa vital caminata solitaria en busca de algo, o de alguien…
Dos personas que buscan y buscan, y de tanto que buscan no encuentran.
Dos personas que llevan vidas paralelas, sin compartirse, sin advertirse, sin saber de la existencia del otro, enceguecidas cada una en su mundo narcisista, cada una arropada de orgullo y prejuicios egoístas.
Son dos personas que deberían descubrirse.
Dos personas, que como vos y yo, deberían saber que nacimos para venir a pintarle mas amor a este mundo, y no nos iremos de él, hasta encontrarnos con esa persona, capaz de compartirse, amando y siendo amada, alimentando este deseo existencial y ferviente de vivir.

Transcurrieron muchos otoños, para que al fin, Amanda y Patricio den una vuelta alrededor del árbol, se descubran, y se encuentren para nunca dejarse.

4.6.08

El amor amortigua cualquier dolor



El amor amortigua cualquier dolor. Como una poción, como un elixir filosofal.
Cuando los seres humanos amamos, no nos duele el pecho, no nos duelen las piernas,
Somos sensibles a la naturaleza, a la música de los pájaros y a la luz del sol.
Mis manos están frías en otoño, invierno, primavera y verano. Quizás si se mezclaran con las tuyas se descogelarían.
¿Quién sabe? Podrías descongelarme el alma con un puñado de besos también.
Podrías despertarme de este insomnio.
Podrías bañarme en el valle de los sueños.
Podrias acompañarme, cuando cargo con el recuerdo de mis batallas ganadas y perdidas, esas batallas libradas conmigo misma.
Podrías cuidarme, como si cuidaras tu propia piel.
(para mí, un amor ideal es dual, incondicional, esencial, respetuoso y grato)
Podrías elegirme, yo te elijo. Pero cuando elijo decido, y cuando decido doy mi palabra, y doy mi fuerza, y doy mi amor.
Y doy mi vida, porque sé que vos me salvarías con la tuya. Y permaneceriamos mas vivos que antes de esta reciproca existencia.
Es cuestión de querer ser. Es cuestión de aceptar el desafío. Es cuestión de ser concientes de que no somos un número, sino una persona, una vida que se suma a otras tantas, y aprehende a complementarse, y aprehende a brillar junto a los otros, algo asi como una franja del arcoiris adherida a las otras.
Es cuestión de perfumarse con la esencia de la vida.
Es cuestión de ser feliz…pero la auténtica felicidad está ligada al compromiso de hacer feliz a otro. Y en este punto hallo falencias. El egoísmo e individualismo cubre al mundo en una vasta medida. También divide tierras, relaciones sociales, sentimientos, segrega criterios, construyen muros, fronteras.
La intolerancia asciende, y es una lástima cómo arruina lo que podría ser una especie de paraíso terrenal.
Es absurdo ver cómo las personas luchan día a día, con la sólida convicción de que los demás son sus adversarios, cuando en realidad, la diversidad es vida y es naturaleza.
No existe naturaleza sin diversidad. Ella se encuentra dentro de nosotros mismos también, ya que los seres humanos tampoco somos absolutamente homogeneos.
Estamos constituídos de una esencia profundamente híbrida, y profundamente inmensa.

27.5.08

La cita


Abrir la puerta del lugar
Ver mis ojos en sus pupilas
Y se acerca a saludar.

Una sonrisa
Y como su espejo
Despliego mis labios
Estirando el ceño.

Un ademán,
Nos sentamos.
Su voz cálida,
Mis oídos calmos.

Horas de conversación
Intercambios de palabras
Mezcla de miradas tímidas
Mientras disuelvo la miel.

Cercanía, observación
Miradas curiosas
Que analizan,
Buscan y descubren.

Su boca dejando de lado una frase
se vuelve a entrecerrar
lo miro unos segundos
desvío los ojos hacia el té
y en él veo mi deseo
de disminuir la sed.

Su mano se desliza sobre la mía,
Invitándola a soltar la taza
Los huesos de mis manos se relajan
Sus dedos abrazan mi palma.

Nuestros párpados como blancas sábanas
Nos cubren los ojos,
El cuerpo no me pesa,
Floto como en el agua.

Me besa despacio,
Con delicadeza
Arropados de música
Nos decimos certezas.

Escuchando la lluvia infinita,
Alejando el frío,
Con el tacto de los brazos,
Unidos en abrazos tibios.

10.5.08

Sigmund Coffee


Suena el teléfono...
(debe ser él)


Conversamos. Pronunciamos metafóricas dulzuras durante una hora y media.
Hasta mañana. Colgamos.

Tomo un café, y sin embargo, me sumerjo en el jardín onírico...

Música. Enciendo los ojos, me desperezo...
me visto, cepillo mi pelo y coloreo mis mejillas.
Abro la puerta, salgo de casa.
Estampo equidistantes y rítmicos pasos de tacones a lo largo de la vereda.




Llego al Sigmund Coffee. Entro.
Lo veo, nos vemos, sonreimos, nos saludamos.
Nos sentamos apartados en una mesa.
Miradas, palabras, comentarios acerca del clima, y un puñado de cumplidos.

-Un capuccino a la italiana, por favor... (café, leche, chocolate, canela, azúcar...)
-Un café irlandés, y un cenicero


-Gracias...

Charlas del mundo y sus causalidades.
Secretos, confidencias, unísonas risas.

Te observo, escucho, y analizo,
ambos nos analizamos, por inercia,
(por costumbre de analizar siempre al que tenemos enfrente)

Te sigo escuchando y me pregunto:
¿Dónde estabas? ¿Dónde estaba yo?
¿Cómo no te conoci antes?
Antes, cuando me sentía perdida,
cuando la vorágine de la vida misma me envolvía,
me cegaba, me aturdía...

¿Cómo no te conoci antes?
Antes, cuando escribía para vos, porque sabía que algún día me encontrarías.

Suelo escribir fantasías que se gestan, y son hechos.
Suelo proyectar deseos y esparcirlos como acuarelas.
Suelo escribir palabras que el viento desea arrastrar,
al igual que el agua, al igual que el tiempo,
Como el sol, cuando se lleva mis lágrimas y las evapora,
al fin, de la misma manera, a mis palabras se las llevan tus besos.

4.5.08

Primer amor


Y con el invierno, hasta las palabras que regalas se congelan.
Se congelan tus ojos sobre los míos que se derriten, que se velan, que se caen, que se vuelan.
Y en tus labios, la miel ya se ha ido, y en tus brazos, la fuerza se encaprichó en dormir.
Nostálgica, recuerdo tu voz, tus ojos, tu sombra. Toda esa homogeneidad que te caracteriza. Todo eso que te diferencia de mí. Éramos tan opuestos que nos divertía, nos atrapaba, nos enloquecía y nos encantaba.
Los días y los meses se hartaron…¿de nuestra inmadura y prematura juventud?
Nuestros lazos se desintegraron, se resintieron, se convirtieron en sucesivas idas y vueltas.
En sucesivas lágrimas, en sucesivas grietas. En sucesivos abrazos rasguñados.
Desesperación, cartas, llamados. Nacimiento, vida, muerte, resurrección.
Distancia, soledad, ausencia.
Primer amor, no podría odiarte. Porque odiarte es olvidar lo hermoso que fue. Odiarte significaría no haberte querido como te quise. Odiarte sería negarme a aprender. Odiarte sería encogerme, no crecer.
Todo es simple y complejo a la vez.
Y así como nacimos en ese amanecer, de a poco nos fuimos pintando en el ocaso, el cual tiene el color de mis pestañas cuando mancharon tu cuello aquella vez.